La segunda lluvia de la semana acariciaba tiernamente la noche a terciopelada con estrellas, esas que no se ven en las grandes metrópolis, mientras los últimos retoques a la taberna se efectuaban para su retorno el próximo atardecer. La luz se proyectaba desde varias ventanas y se veían las siluetas, insospechantes, de la gente trabajando y riendo.

Sus velados ojos se cerraron… respiró hondo y luego soltó un suspiro. Pero nadie se debía dejar de engañar por esta tranquila mueca, ya que su malvada sonrisa se dibujó poco después. Sus dientes eran amarillos y un cabello sucio le tapaba la cara bajo la sombra de la capucha.

Sus dedos daban involuntarios espasmos. Dedos con uñas negras y largas, con las venas marcadas en su piel blanca como la luna, pálida como la muerte.

Su andrajosa ropa le daba el aspecto de un monje humilde. Nada más lejos de la realidad. Podría levantar la mano y borrar todo el pueblo del mapa. Pero no sería conveniente, ciertamente en verdad no le era posible.

Le gustase o no, el hombre encapuchado tenía que ceñirse a lo “legal”.

Sus dedos seguían batiéndose inconcientemente, el poder era demasiado para esta débil carcasa.

Cerró sus puños y rió entre dientes. Se lamió los labios resecos.

Las luces del pueblo le fascinaban. La tranquilidad de estas almas despreocupadas le excitaba. Tanto como el hecho de que los prejuicios contra el alhaní floreciesen en un pervertido jardín.

Lo mejor de todo era que eso no era su obra. Era la obra de la religión.

“Teme al bárbaro”

“Teme al impuro”

“Teme a la tez oscura”

“Teme a los dioses paganos”

“Teme a dios”

-Harían mejor en temerme a mí… -susurró para sí mientras sus lujuriosos ojos se tornaban blancos en placer – ¡Que empiece la pesadilla!

Estiró sus brazos, como cuando un artista se expone ante su público. Y fue alabado, alabado por cientos de voces no escuchadas por lo que tal vez eran siglos.

El grito fue horripilante, cientos de voces de distintos tonos en una sola melodía abismal. Sin embargo el pueblo no percató de la existencia de esta sinfonía de la destrucción.

Comenzó a dar vueltas por todo el pueblo, mientras giraba como bailando con una compañera invisible entre las calles. Se guindó de un poste y danzó en él. Saltó en los charcos. Y corrió como un niño mientras reía. Reía como nunca.

La sensación era tan diferente a lo que estaba acostumbrado. El olor, la ligera brisa, la luz de la luna y la lluvia. Las gotas de agua; lo tan escaso del lugar donde provenía, corriendo por su piel… bueno, no. No era su piel. Pero igual sentía, mucho más de lo que había sentido en tanto, tanto tiempo.

Tiempo: La palabra que más temía. ¿Cuánto había pasado ya? Ni idea. Aunque faltaba poco, un paso más cerca cada minuto que pasaba.

La pequeña rana se atravesó en su camino.

-Después de usted señora… -dijo en una burlesca reverencia.

El anfibio siguió su camino mientras el hombre encapuchado regresaba a al taberna. La silueta de la chica se dibujó esta vez.

Para que todo funcionase ella tendría que morir. No podía dejar que interfiriese. Con esa mirada suya, su silueta perfecta y su largo y sedoso cabello.

-Tal vez… tal vez haya un lugar para ti en mi guión, pero no ahora. Debes desaparecer de él.

Estaba todo preparado. O eso pensaba, ya lo que le fascinaba más de todo era el riesgo latente. La promesa de lo inesperado, incluso habiendo calculado la ecuación cientos de veces, siempre, siempre se podía temer a una falla:

-Libre albedrío…

Todo esto lo llenaba de pasión, de euforia. Lo hacía sentir lobo entre corderos.

-Bueno no exactamente un lobo… un pastor. El lobo se encuentra atragantándose de alcohol en la herrería.

Se dio la vuelta y un gran espasmo recorrió todo su cuerpo. Sangre brotó de su boca, dibujándose en las arrugas de su mentón, irónicamente afeitado a la perfección.

¿Cuánto “tiempo” resistiría más este anfitrión?

***

La gente lo miraba resentida, con prejuicio. Algunos con odio y sed de sangre reflejados en sus ojos claros. Se respiraba la tensión entre el pueblo y el misterioso extranjero a un kilómetro de distancia, y todos paraban sus faenas matutinas para ojear la caminata de Imashen por el bulevar de los mercaderes y negocios. La mayoría de los habitantes, incluso algunos jóvenes, eran más altos que él por una cabeza y media. No solo eso, su tez un tono más oscura que la clara piel de los habitantes se hacía notar.

Además de eso llevaba la misma pinta que había llevado en toda la semana: El pelo sucio y largo, (cosa mal vista entre los hombres del pueblo) y la sucia armadura hedionda a sangre y sudor y alcohol.

En verdad se sentía como un lobo entre corderos. Un lobo cansado y herido entre ovejas resentidas. Los guardias, los perros pastores, lo miraban con recelo y apretaban fuertemente sus lanzas cuando lo veían pasar. Al lobo no le importaba ya que Imashen sabía lo que su violenta raza significó para estas gentes.

Invasión…

En un acto para mostrarle su buena voluntad a todos, el misterioso extranjero había dejado sus armas; incluso su guantelete armado, en la herrería.

Había traído consigo el poco botín que tenía (gastado casi todo en alcohol) que había ganado en sus viajes. Se compraría algo de vestir, jabón y comida sana. Se iría a bañar con agua de un lago cuesta debajo de la herrería y trataría de encajar entre los habitantes. Era su nuevo hogar después de todo…

Pero perra era su suerte, y pronto descubrió en su caminata por el pueblo, que las razas civilizadas del occidente no admitían abiertamente a los extranjeros. A los Bárbaros del este, a los perros alhaníes.

Pero claro, le temían. Vaya que sí. Se apartaban de su camino, sabían lo que era capaz de hacer en combate. Y después de todo, el hechicero del imperio sombrío y sus secuaces murieron a mano del Alhaní. Estaban en deuda con él, y pensaban que era un mal necesario. Además la brecha cultural no era suficiente para que cortaran el recibimiento y cuando Imashen entró en la tienda de la costurera no fue botado patitas a la calle.

-Eh… Bu-buen día… ¿cariño? ¿Qué se te ofrece?

El joven se quitó el sombrero y dio una reverencia leve, la costumbre de donde venía.

-Que el sol ilumine su día señora, vengo a comprar ropa para la reinauguración de la taberna… -Imashen sacó una pequeña bolsa de su cuello, señalándola un poco y haciendo entender, de una manera sutil y nada grosera, que tenía dinero.

-Eh… muy, muy bien… ¿cuáles son tus medidas?

***

Llevaba unas cuantas camisetas, dos pantalones, y un nuevo par de botas de cuero en sus brazos. Caminaba y admiraba el campo mientras se dirigía a la herrería.

Yergali le esperaba en el umbral de esta, alto y fuerte moviendo su perlada cola.

-Buen día canucho. ¿Ya comiste? Mira voy a dejar esta ropa aquí e iremos a buscar algo de agua. ¿Te parece?

En la tienda dejó doblada su nueva ropa, yendo luego a su lugar de trabajo para dejar en una cruz su cota de malla.

Olió su axila y supo entonces que el baño era lo que más necesitaba. Mientras salía giró la cabeza a su gabinete con alcohol. No lo necesitaba, no dependía de él. No marcaba su vida.

Los cuatro potes de madera estaban en línea, con sus astas alineadas. Cogiendo una vara recta y sencilla el misterioso extranjero la pasó entre los potes y luego los levantó. Dos de cada extremo y apoyándolos en sus hombros.

Bajaba por la cuesta con Yergali siguiéndole, admirando el cambio de su amigo.

Con más fuerza volvió el sentimiento filosófico del lobo. A veces pensaba que su vida era un guión mediocre. Pero todo había terminado ya y podía retirarse a descansar por fin.

-¿Hemos pasado mucho, eh?… mucho para llegar a este momento. Puedo sentir, viejo amigo, la brisa recorriendo mi cuerpo. He sido un prisionero, a pesar de haber escapado hace meses de la oscuridad del coliseo. Fui un prisionero hasta ahora. Siento con más, con más de no sé qué. La brisa me acaricia, el sol matutino me lame. Y te apuesto que esa agua está fresca como ninguna que hemos probado.

El lago estaba frente a ellos. Las montañas atrás y el cielo reflejado. La primavera había sido generosa este año. La neblina matutina lo rodeaba todo.

No pudo resistirlo, sencillamente era imposible. Tantos meses encerrados, tantos meses escapando. Y una semana confinado en la herrería sin poder apreciar su nueva libertad.

Hasta ahora.

Su cuerpo fue devorado por las tranquilas aguas. Le fue devuelta la vida perdida. El frío quemaba su piel, pero estaba acostumbrado. De alguna manera lo estaba.

Fue yendo más profundo y más profundo por su clavado, hasta la profundidad de los peces.

Abrió los ojos bajo el agua y vio la superficie de cristal, el sol siendo reflejado y el zafiro cielo. Sentía su fuego maldito extinguirse bajo la helada agua. ¿Sus tatuajes se borrarían? ¿Su maldición sería levantada?

Sentía las luciérnagas recorriendo su cuerpo, eran pocas pero quedó un poco del combate contra el mago. Las canalizó a las puntas de sus dedos y la llama surgió.

Increíble, bajo el agua la llama azul vivía. Cerró su mano y esta siguió viva, sus llamas lamiendo tiernamente.

Pero el combustible mágico se acabó, y las luciérnagas dentro de él murieron, al igual que la llama. No importaba. Era hora de salir.

Fue como un nuevo nacimiento, otro más. Ya le había pasado, pero el segundo fue oscuro, el tercero estaba lleno de vida al igual que el primero.

Yergali veía a Imashen dejarse llevar por el agua. Era lo más tranquilo y en paz que lo había visto nunca.

El ladrido del lobo invernal despertó el trance, y el misterioso extranjero decidió que era hora de volver a la herrería.

Dio unos cuantos largos y en la orilla llenó sus baldes de madera.

-Vámonos…

***

Había llenado un gran balde de madera con el agua que había recogido y se había bañado allí. Más limpio de lo que había estado en meses fue a recoger su nueva ropa en la tienda. Descubrió entonces mientras se vestía la capa confeccionada por Nera.

-Vaya…

Vestido y con la capa de Nera como paño fue a descansar en el pasto junto a Yergali.

-¿Muerde?

Imashen volteó y vio a la chica de nuevo, con distintas flores en sus manos.

-No si yo lo ordeno… -el lobo le lanzó una mirada reprochadora, pero sólo le sacó una risa a Imashen. Le encantaba este juego de engañar a todos que él era el amo del animal, cuando en verdad eran compañeros.

La chica se acercó, había venido sola esta vez y lucía un hermoso vestido verde. Estaba impactada viendo al herrero con su aspecto tan cambiado. El pelo seguía pesado por el agua y las ropas grises pero nuevas le daban un aura tranquila, que era a su vez impactante.

El herrero tenía una ramita en su boca y la mordía, y a pesar de sus siniestros tatuajes en el rostro, su aura amenazadora había desaparecido.

-Veo que se bañó señor herrero… -dijo acercándose y sentándose a su lado.

-También lavé la armadura, pero no creo que tenga que utilizarla nunca más. Gracias por la prenda, niña.

La chica sonrojó y miro hacia otro lado.

-¿Esas flores son para mí? No vas a ganar mi afecto con eso, no soy una mariquita. Pero gracias de todos modos.

Nera soltó una risa tímida.

-Voy a tomar el día libre, pero quiero estar solo con mi perro. Iré a la fiesta del Basilisco, no te preocupes. ¿De acuerdo?

-De acuerdo señor herrero… -dijo radiante mientras se levantaba y dejaba las flores en el mostrador.

-Mi nombre es Imashen… -le dijo mientras se marchaba y Nera le devolvió una sonrisa capaz de curar enfermedades.

Se sentía culpable por darle esas esperanzas. Después de todo él era un hombre bastante jodido y nunca, nunca sería lo suficientemente bueno para una chica así. Lo más seguro es que se hubiera enamorado de él por el misterio, eso era todo. Cuando comenzara a vivir tranquilamente en el pueblo seguro que se le pasaría…

-¡Mañana antes de la fiesta le mostraré la villa! ¿De acuerdo?

El respondió afirmativamente sin pensarlo, aunque se arrepintió después. Cuando la chica se había marchado no pudo evitar sentirse preocupado.

Se sentía como un lobo entre corderos. ¿Podría vivir entre ellos?

“Deja de engañarte…”

La voz de nuevo, no pudo evitar levantarse asustado…

Lo que no sabía es que había dos lobos en la misma granja.

***

El sol del mediodía brillaba entre las hojas del bosque.

Sus pesados pies hacían tronar la tierra, y sus largos brazos apartaban los árboles a su alrededor con fuerza sobrehumana. Sus ojos eran dos líneas de gato en rojo sangre. Su pelo gris y sucio era largo y lleno de hojas secas. De piel gris y su cuerpo musculoso pero delgado y cerca de cuatro metros de estatura.

-Veo que has llegado… intuyo que te has pensado la propuesta que te dije…

El hombre encapuchado había aparecido detrás de un árbol, con su sonrisa amarilla y su mentón recién afeitado.

El gigante gruñó en respuesta y cogió sus dos grandes hachas amarradas con cadenas a sus antebrazos.

-Oh vamos… se que puedes hablar maldito ignorante.

-Estoy hambriento… -su gran sombra oscureció la silueta del hombre.

-Pero yo no soy alimento para ti, maldito estúpido. El alhaní lo es.

-Sigues hablando del bárbaro… ¿ser él una presa digna?

-Mejor que cualquier aldeano o militante de esta pequeña villa. ¿Querías una presa? Yo te la doy.

-Sí, sí… tu darme presa, ¡yo matarte en recompensa!

Todo pasó muy rápido para los ojos entrenados de Vuljáh y cayó en el suelo con un gran hoyo en el cráneo.

-Estúpido, estúpido troll… Levántate y haz tu cacería. Si quieres me puedes cazar luego, pero antes caza al bárbaro. Si no puedes contra él, nunca podrás conmigo.

El hueco sangrante en la cabeza de Vuljáh se cerró lentamente y pronto el gigante se levantó de nuevo.

-El pueblo no será problema contra ti…

-Noche, noche será el momento.

-No… mañana en la noche. Cuando todos estén distraídos y borrachos en la fiesta. Tendrás al misterioso extranjero para ti solo. Un combate digno… oh, y no te dejes engañar por su estatura. Será más pequeño que los soldados pero es más peligroso.

-Lo aplastaré con mis garras pequeño humano… y luego matarte a ti –el cazador lo amenazó con sus largos dedos terminando en uñas verdes y de diez centímetros. Se agachó y sus rostros estuvieron a narices de distancia. La larga nariz del gigante olfateó al hombre encapuchado.

-Ya vete a tu cueva mugrienta, y que no se te suba a la cabeza tu capacidad de curarte, eso no te ayudaría contra mí.

El gigante se marchó, esta vez silencioso como una sombra.

Nada le asqueaba más que tratar con tales sujetos. Era un alivio no tener sentido del olfato, ya que la bestia apestaba a mil rayos. Sin embargo Vuljáh era un cazador de hombres extraordinario. Si mataba al alhaní, sería su presa número cien.

SI lo mataba…

Caminó por el bosque tranquilamente en dirección a la capilla. Era un hombre de fe después de todo.

Imashen era su tercera opción. El tercer peón prometedor de los tres hermanos, pero si no lograba sobrevivir contra un bruto, entonces no valía la pena.

Hasta ahora el mayor prometía bastante, pero no podía dejar atrás al pequeño Imashen.

Para cuando terminase con este pueblo, dos hermanos se enfrentarían en duelo.

-Oh, toda esto está bien interesante… — el hombre encapuchado sacó entonces un par de revólveres artesanales y con cañones de cuarenta y cinco centímetros. Uno de ellos botaba humo.

Claro que las jóvenes promesas necesitan una ”ayudadita”.

-Todos son igual de estúpidos –dijo el sujeto de cabello largo y negro.

-Naturalmente, por eso viven en cuevas –respondió divertido el encapuchado.

-¿Lo hará?

-Por supuesto, veremos si tu hermano está listo para el reto.

-Ese hijo de perra pagará por lo que hizo… si no en manos del gigante, en las de mis hombres. –gruño mientras se pasaba sus dedos por una fea cicatriz que cruzaba su ojo izquierdo hacia su mejilla. Sus ojos verdes resplandecían furiosos.

-¿Y si mata a tus hombres? –preguntaba mientras caminaban por el bosque.

-Pues que el liche se encargue de él. Tiene tantas ganas de matarlo como yo.

-El liche quiere esclavizarlo, no matarlo. Sólo conseguirás tu venganza si te ocupas al final de él.

-Como sea… ¿qué importa? No soy de esos. No llegué hasta aquí ocupándome yo mismo de los combates. Hay gente que quiere hacerme el favor.

-Te recuerdo que tu banda es una sombra de lo que era… no creo que haya ninguno con la habilidad de hacerle frente, no en pelea justa.

-¿Y desde cuando Los Cuervos Susurrantes son conocidos por la lucha justa? –respondió el asesino con una mueca.

-Puede ser… -pero el truhán se detuvo. Y el hombre encapuchado se encontró al girarse con una espada exquisita apuntando a su pecho.

-Todavía no me fío de ti, y de tu capacidad para “apagar” mi habilidad.

-Vamos, vamos. Sabes que es inconciente. No lo hago porque quiera.

Reslatbalt lo miró desconfiado.

El hombre encapuchado siguió su camino.

-No te pareces a tu hermano… eres más alto y menos honorable. Sin embargo los ojos verdes, el carácter y el cabello te delatan. Son como dos lados de una moneda.

-Cállate… estarás vigilado, no habrá hora en la cual no haya un cuervo vigilándote.

Aquí les dejo el primer capítulo de mi libro, cuyo prólogo se encuentra aquí, Mejor prólogo de la historia de la literatura humana escrita, vista y jamás hecha.

Nera corría junto a su hermanito por la colina verde que llevaba a la herrería.

Era una mañana perfecta, sin nubes hasta el horizonte, con una helada brisa matutina, de esas que se te introducían en los pulmones y los expanden. Los cientos de pájaros cantaban en los árboles frondosos que se erguían orgullosos. El pueblo estaba a la mitad del camino entre dos grandes ciudades y había toda cantidad de mercaderes que recorrían el poblado de un extremo a otro, por lo cual se había enriquecido mucho. Los edificios eran de bloques de piedra con altos techos de madera. Los pequeños jardines en las ventanas y en uno que otro pórtico eran una agradable caricia a la vista, y no hablemos del aroma floral.

El pueblo era maravilloso, repleto de vida y paz. Desde luego, cuando uno le perdía el atractivo a los extraños productos de los mercaderes, la vida se hacía un tanto monótona.

Pero eso ya no importaba, ya que el pueblo tenía una nueva adquisición, un nuevo chisme del que hablar por las noches de tabernas (bueno de solo una, la otra; “El Basilisco Bien-Muerto” había sido destruida).

El herrero, o el misterioso extranjero, como lo llamaban algunos. Era el recién llegado. Un hombre, o mejor dicho, un joven extraño que llegó en una noche tormentosa y había luchado contra tres forajidos, dos magos y un muerto viviente. Era callado y se había retirado a la colina que veía al pequeño bolsillo de vida. Trabajaba horas en el metal, y las pocas veces que hablaba era para realizar un trámite. Los habitantes cuchicheaban relatos de quién podría ser este extraño personaje.

Decían muchas cosas. Como por ejemplo que era un romántico paladín que había perdido a su amada, otras que era un mercenario cansado y agotado que se había retirado lejos del bullicio para descansar, e incluso habían rumores de un mensajero de la oscuridad; dispuesto a tragarse a la feliz comunidad en las sombras del infierno. Sin embargo, y no importaba cuanto los rumores se distorsionaran de la realidad, todos tenían algo en común. Y es que era que la raza del extranjero estaba clara; era un Alhaní, y por lo tanto peligroso.

La joven chica estaba en la flor de su vida. Tenía sus cabellos negros largos y brillantes hasta la cintura, unos ojos azules que no tenían nada que envidiarle a las dos lunas gemelas que cabalgaban por las noches de primavera. Su hermano solo tenía siete inviernos en la tierra y la acompañaba a todas partes como una pulga.

La chica recorrió la colina a gran velocidad gracias a sus prodigiosas piernas, era una buena corredora. Su hermano la seguía quejándose por un dolor en el flato y con poco aire.

-¡Apresúrate Neli! –Le gritó desde lo alto – ¡La familia no necesita un debilucho!—se mofaba.

-Ya voy… ya voy –respondía sin aire.

Lo esperó un minuto y luego a que este recobrara el aliento.

La oscura herrería estaba frente a ellos, solitaria y vieja… no había sido usada por la paz que había invadido el reino. Ya la gente no compraba armas para defenderse de las hostilidades. Ya no había ninguna, y prometía permanecer así. Sin embargo la herrería volvió a abrir, cuyo único propósito sería el construir vigas para la nueva y mejorada taberna.

Los sonidos del metal contra el yunque invadía el la colina, y las llamas de el horno emitían caudales de humo negro que ascendía y ascendía.

Nera y Neli entraron cautelosamente. La chica llevaba en una mano una tela roja escarlata y en su otra mano la del chico. Allí lo encontraron, trabajando sin descanso desde que había llegado al pueblo. Su pelo largo y sucio le cubría el rostro y todavía portaba su armadura oscura y oxidada, como si estuviese en luto. Sus armas: la gran espada, los sables gemelos y el escudo agrietado, yacían en una esquina descansando sin vida.

El misterioso extranjero no hizo ademán de saber que estuviesen allí, seguía trabajando con su pesado martillo, el sudor le cubría todo el rostro.

-¿Señor…? –Hizo una pausa, volvió acordarse de que no conocía el apellido del herrero –Señor… señor herrero, hola. ¿Cómo se encuentra?

Imashen, el herrero los miró a los dos mientras seguía golpeando con su martillo. Su rostro estaba repleto de aserrín y sus ojos verdes se posaron en el niño de cabellos negros y despeinados, y luego en su hermosa hermana. La observó desde su cintura y lentamente hacia arriba. Ella no pareció notarlo con todo el humo que envolvía el lugar.

“Visitas, pequeñas y desagradables visitas” Dijo la voz.

El herrero miró hacia los lados buscando la fuente de la voz, pero nuevamente no la encontró a pesar que zumbaba y rebotaba por las paredes, los niños al parecer no la escucharon.

-¡Saluda Neli! ¿Dónde están tus modales?

-Hola, señor herrero –dijo tímidamente el niño mientras se escondía detrás de su hermana.

-Así es… ¿Ves que no es tan difícil?

El niño dio una réplica a su hermana y luego saltó hacia atrás asustado cuando el martillo golpeó más fuerte el yunque.

Había un hedor horrible en el ambiente. Un tufo de sudor, sangre seca y azufre hedía por todo el lugar. Luego el martillo fue arrojado a una esquina y el herrero caminó hacia fuera pasándolos de largo. La niña se quedó imponente a su lado mientras pasaba, con las mejillas sonrojadas. No sabía que sentía por él, si era amor o lástima. “Tal vez” se dijo, “era piedad y cariño al mismo tiempo”.

La brisa atacó la herrería y los malos olores retrocedieron a la fragua mientras las llamas crecían y alumbraban las siniestras armas de acero del extranjero. Neli se acercó a estas disimuladamente mientras su hermana se acercaba a su vez al misterioso extranjero.

-¿Qué quieres? –preguntó a secas.

-Eh… este… quería agradecerle… agradecerle su trabajo aquí para reconstruir el basilisco –dijo la chica sonrojándose mientras aferraba a su pecho la tela roja escarlata.

-No hay necesidad… destruí el lugar. Es lo menos que puedo hacer por que no me haya matado el pueblo entero en el acto.

-No, no. No diga eso señor herrero… usted nos libró de esos malos hombres… –pero el extranjero la interrumpió.

-…Hombres que no hubieran llegado al pueblo si yo no hubiese llegado. Vete niña –dijo mientras se volteaba después de recibir la brisa de la mañana.

El niño seguía inspeccionando las armas y el herrero entró de nuevo.

-No toques eso –reprendió con un susurro Imashen, y el chico obedeció en al instante.

Se sintió grosero por un momento, y para quitarse el peso de la culpa preguntó:

-¿Qué es esa tela que cargas entre tus brazos?

-¡Oh sí! –Exclamó esta –es un regalo, lo tejí yo misma… Para usted. Sé que le gusta el color rojo escarlata. Y perdió su capa cuando…

La chica calló, sabiendo que había metido la pata. Lo único que pudo hacer fue observar como la cara del herrero se ensombrecía.

Los recuerdos de una Roselah viva, alegre y hermosa lo abrumaron. Pasaban ráfagas cortas de tal vez sus mejores momentos con ella. Pero no recordaba mucho. No recordaba nada en absoluto, toda su vida pasada era un borrón de sombras y luces. Como las pinturas de esos artistas que intentan aparentar una percepción inhumana y pintan manchones en el lienzo.

Habían pocos sin embargo, pocos recuerdos que permanecían nítidos en su maltrecha cabeza. Pero poco a poco los olvidaba. Olvidaba las caras de sus antiguos compañeros. Se perdían con el tiempo, en su lugar eran remplazados por una doncella de plata que brillaba con un aura santísima.

-No te preocupes… estoy bien. Gracias por la capa. Aunque no creo necesitarla, no pienso volver a viajar –respondió mientras se miraba las manos y se sentaba en un banquito –pero si el pueblo lo desea, me marcharé en cuanto termine de ayudar.

-¡No, no! No… no piense que lo echamos. Solo es un tonto regalo. Creí que le reconfortaría… discúlpeme. –sus mejillas parecían dos soles en el atardecer.

El joven la miró, vio como ella contemplaba sus pies en una vergüenza un tanto divertida.

“Con que…” se dijo “con que así viven la gente por estos lados, sin mayor preocupación que obsequiar un regalo adecuado…”

-Pero, ¿lo quiere…? pasé unas cuantas horas tejiéndolo. Yo misma pagué la tela, se la compré a un comerciante de paso.

-Lo aceptaré, y me quedaré. No te preocupes.

-¡Excelente! Ahora –dijo examinándolo –hay otro propósito por el que vine.

Imashen la miró con el entrecejo fruncido.

-Tiene que arreglarse. ¡Para el final de la jornada será la fiesta por el regreso del Basilisco!

Ella se acercó al herrero expectante, con un ligero mareo pero con las mejillas ardiendo.

-Olvídalo –dijo él y el ánimo dentro de ella parecía congelarse.

-¿Por qué?

-No quiero… no quiero ir a una fiesta. –“No después de tantos recuerdos” dijo para sí.

La chica se retiró con la cabeza gacha, llamando a su hermano. Se sentía terrible, como un trapo sucio. La brisa le golpeó el rostro e hizo que sus cabellos danzaran. Bueno, lo había intentado al menos. Caminando lentamente hacia su casa, recordó algo, dio la vuelta y dejó en el mostrador de la herrería donde Imashen atendía a los clientes cuando no trabajaba, la capa roja escarlata y una rosa que había recogido.

-Roselah –murmuró esta.

El herrero la veía descender con el crío cogido de su mano. Si ella se sentía mal, no podía evitarlo. Para él eran evidentes los sentimientos que ella sentía, pero no podía darle lo que ella quería. ¿Qué podría ofrecer una carcasa deplorable cómo él a esa chica?

“Nada, absolutamente nada”

“Podría ser tu calientacamas, ¿por qué no seducirla y darle lo que busca?”

Ahí estaba la voz, que carcajeó estrepitosamente dentro los pasillos de su cabeza. Lo volvía loco, lo suficiente para apretar su cabeza con sus manos de espadachín y luego golpear con la frente la pared de madera en un ataque de cólera suicida.

Se desmayó en el acto con un hilo de sangre corriendo por su rostro, naciendo en la frente y desembocando en el cuello.

***

Las sombras lo envolvían en una especie de orgía brutal. Arrodillado donde estaba no pudo pararse y solo se sostenía por la espada que de pronto había aparecido en su mano. Las figuras borrosas danzaban a su alrededor, como cuervos voraces atacándolo de vez en cuando. Atravesaban su cuerpo y dejaban un haz de sangre flotando en el aire de manera exánime, pero no había heridas visibles. Por cada segundo que pasaba nacía una nueva figura saliendo de su tatuaje que resonaba con furia y emitía un brillo azul celeste.

Las runas marcadas en su cuerpo dejaron de resplandecer y retumbar luego de que cerca de una docena de figuras sombrías danzasen alrededor.
Oscuros susurros se escuchaban luego del que el grito del tatuaje terminó. Eran susurros de ira, mal y tristeza. Los cuervos deseaban venganza, ya que estaban atrapados en un lugar ni aquí ni allá, en un ciclo interminable. Por supuesto, no fueron santos en vida, pero cuando tu alma llega a este estado todo recuerdo o razón es arrebatado y olvidado y quedas en una existencia peor que cualquier otro destino, incluso la muerte.

Pronto las sombras se detuvieron, eran figuras encapuchadas con podridos velos y se quedaron suspendidas en el aire mientras observaban al joven y luego gritaron inhumanamente y escaparon.

El suelo retumbó, fuego se disparó y la tierra se agrietó. Las rocas sólido-etéreas salieron empujadas por algo de abajo y las llamas rojas escarlata construyeron un malvado pilar de fuego sobrenatural dando cabida a la gigantesca cabeza de un demoníaco perro, con la piel contraída hasta el hueso creando una terrorífica máscara de muerte. Sus ojos eran rojo sangre con dos líneas de reptil o gato; como prefieran. Tenía decenas, tal vez cientos, de dientes disparejos, rotos, amarillos pero grandes como un puñal de treinta centímetros a excepción de los colmillos que eran curvados como un sable y tal vez del doble de largo que los otros. Su nariz estaba contraída por tal vez los millones de años de terribles olores en el abismo.

Su aliento era fatal, y luego de que sus brazos musculosos y gruesos, como unos troncos de piel roja con pelaje negro disparejo, salieran de la tierra y se apoyaran para poder sacar su musculoso torso con púas de hueso naciendo de distintas partes. Emergió entonces del umbral entre los dos mundos; el mundo de los sueños y el abismo.

Imashen pronto volvió a oler su terrible tufo cuando carcajeó de una manera demencial y sin lugar a dudas fuera de este mundo. Eran una sinfonía de destrucción sin ritmo ni concordancia de tres voces, una aguda y una extremadamente grave que barboteaban cosas inteligibles y una tercera voz que susurraba modestamente entre los pasillos de su cabeza.

“Pequeño bastardito…”

Sus brazos dejaron de apoyarse en la tierra y las garras huesudas cayeron a pocos centímetros de donde Imashen luchaba para levantarse, rasgaron la tierra e hicieron que el perro pudiese acercarse. Ahora más del mundo sombrío que del abismo, el demonio pudo desplegar sus alas de murciélago, que se extendieron tapando el cielo oscuro lleno de nubes dando, si fuese posible, más oscuridad.

Su amorfo hocico se acercó hasta quedar unos centímetros del desdichado y rugió, o ladró, de una manera tal que su tufo hizo que el cabello negro azabache del joven se levantase y sus ojos llorasen. Incluso con los ojos en ese estado, Imashen pudo ver como de la garganta parecía haber una flama, porque toda la boca del demonio brillaba con un fulgor anaranjado, del mismo modo que los hornos de su fragua.

Parecía como si un dragón estuviese apunto de escupir una exhalación mortal sobre él. Por un momento Imashen prefirió que se tratase de un dragón que la terrible criatura que estaba frente a él.

-Tú… -dijo cuando la bestia terminó su macabra presentación.

“Ciertamente”

Las fauces se abrieron de nuevo en un ángulo imposible y arremetieron contra el mortal y se cerraban dispuestas a devorarlo por la mitad.

Despertó, o al menos eso pensó, justo a tiempo.

Era de noche, y él yacía en el suelo con la cabeza quejándose de dolor y el calor de la sangre cruzando su cara como un pequeño y delgado río.

Se llevó la mano a su rostro y sintió el vital elíxir en sus dedos… se preguntó entonces cuanto tiempo había pasado. Frente a sus ojos las sombras danzaban todavía y cada una trayéndole recuerdos. Poco a poco se fue haciendo conciente de ellos y se levantó al instante.

Veía doble, una imagen superpuesta a la otra. La del fondo era su herrería y la segunda era un oscuro pasillo con antorchas en las paredes iluminando pobremente.

Corrió tambaleándose a su despensa, con un desesperado propósito. Pero tropezó muchas veces debido a la poca coordinación que obtenía cuando frente sus ojos habían imágenes tan diferentes. Pronto su cerebro estalló y aparecieron más imágenes: Un oscuro laboratorio, una asquerosa celda, una arena con cientos de fanáticos gritando por sangre, un gigante musculoso de piel morena blandiendo una pesada hacha contra él, y por supuesto otros dos mortales enemigos; el hombre de los ojos poderosos y uno tal vez más aterrador, un pícaro de pelo largo y negro con dos sables en sus manos sonriéndole desde posición elevada.

Difícilmente llegó a la despensa mientras su cabeza ardía por tantos recuerdos simultáneos en su visión. Cerró fuertemente los ojos y cogió una botija de arcilla grande y pesada. Se levantó con ella en mano y le sacó el tapón y la elevó sobre su cabeza.

Litros de licor surgieron como de una herida se tratase y cayeron en su rostro y boca. Tragaba cuanto podía, aunque era más licor que lo bañaba del que ingería. Una a una, las imágenes y recuerdos morían y se borraban. Claro que la doncella de plata hizo una pequeña aparición pero se esfumó tan rápido como llegó.

Bebió tanto licor que empezó a balancearse como un péndulo. Su mente estaba graciosamente despejada ahora y una boba sonrisa apestosa de alcohol se dibujó en su rostro mientras el ardor del vino de fuego abrazaba su garganta. De seguro se bebió de una sentada la mitad de la botija, pero no importaba. Compraría más mañana.

Eso era en lo que gastaba casi todos sus escasos ingresos con su negocio. Licor, licor para matar a su cerebro.

Se arrodilló, más confuso que nunca. Llevaba así tantos meses, sin saber quien era en realidad pero con toneladas de recuerdos azotando su mente. Todos provenientes del imperio corrupto de magos, pero ninguno, o pocos, de su vida anterior a su captura en las entrañas de la “Necrópolis” y el coliseo de gladiadores.

Dio un sorbo más a su botija y la cerró y la guardó de nuevo.

Tambaleándose (esta vez por borracho) caminó hacia su cuarto. Al abrir la puerta que llevaba a su habitación lo golpeó en el rostro el tufo de sus sábanas sudadas e inmundas, y un pensamiento le llegó.

“Tal vez…” pensó “tal vez todo fue un sueño.”

“Eso quisieras”

Miró desesperado hacia su fragua, que seguía con llamas que se rehusaban a morir y brillaban con un resplandor anaranjado falleciente. Miró luego al techo, donde estaban los soportes del techo de su herrería y descubrió un clan de murciélagos que acababan de mudarse, y uno que otro volaban devorando las pollillas y mosquitos que desde hacia años copulaban en el abandonado edificio.

Había una explicación para todo en su sueño, incluso el “inhumano” hedor. Auque… “¿Dónde está el perro?”

Retrocedió, algo más sobrio por la adrenalina y caminó por su desierto negocio. No había nada, y luego lo vio.

Una figura de varios kilos, tal vez llegaba a los cien. Su pelaje (incluso en la oscuridad) brillaba con un resplandor argento (¿La doncella de plata?). Tenía cuatro patas y estaba acostada con el hocico en la tierra. Movió el rabo de un lado otro cuando sus ojos azules refulgentes de resplandor sobrenatural miraron a los ojos verdes e hinchados con sangre de Imashen.

-Yergali… –Fue lo único que pudo articular acercándose y rogando que no fuese una visión de su ebriedad.

El gran lobo se levantó, al parecer lo vigilaba desde hacía horas y esperaba que Imashen notara su presencia protectora. Era gigantesco, parado en dos patas alcanzaba a joven a su rostro.

Le lamió el rostro pero luego retrocedió estornudando.

-¿Huelo mal no es así? –dijo mientras volvía a su cama.

Si un viejo amigo pensaba que tal vez se veía demasiado desdichado, pues entonces se bañaría… pero mañana en la mañana.

Ya que estos llegan (en su mayoría) buscando las vainas más estúpidas en el buscador.

Y es que cuando me lo pasaron no pude más que sentir un shock de adrenalina y captar como una sonrisa al muy estilo el “guasón” se me dibujaba en el rostro de oreja a oreja.

La impresión fue tal que estoy casi seguro que el mundo dejó de moverse por un momento, un segundo… Y es que sin más preámbulo se los mando, pero antes debo decir algo:

Ya ven porque hay que eliminarle los uniformes a las chicas, ya que no puedo creer como semejante cuerpecito pasó desaparsivido por mis habilidosos ojos… pero en fin.

LINK DE DESCARGA DE FOTOS DE EVANNA LYNCH(LUNALOVEGOOD) DESNUDA!

¿Siguen allí? Buenopara finalizar quisiera dar unsas conclusiones propias:

1) Creo que los paparazzi son idiotas, y si esta chica quiere posar desnuda, a pesar de ser famosa por una película basada en un libro popular en todo el mundo, es su elección y nadie más.

2) Me puse a reflexionar como la fama conspira contra tí, si bien es algo genial es increíble como alguien se puede volver loco por una chica normal, pero claro que pensandolo bien este es mi tipo de chica, no tetonas implantadas con vaginas que escurren esperma.

3) Creo que recordando bien me puse a seguir este elenco de “chicos” (de seguro son más viejos que yo) y me recordé del video en que Daniel Radcliffe se besa con un tipo, Aquí en VIDEOSUPERGAY y también en las noticias amarillistas que rodearon a Emma Watson por ser “alcohólica”… si claro porque ninguno de nosotros bebe. Me parece supergay (más que el video anterior) como la gente le encanta en meterse en la vida de simples actores (porque sencillamente son eso, son famosos por saber actuar, no por curar el cancer, borrar el hambre del quintomundo ni arrancar la cabeza de un robot de un solo movimiento).

4) Lo vuelvo a repetir, nunca imaginé que una chica así tuviera semejante cuerpo.

5) Este artículo servirá para que mi página aparezca más fácil en los buscadores ;D

Coño seamos gente seria… hay cosas que ni hasta el escualido más acérrimo ni el chavista más fanático pensaría…

Bueno a decir verdad, sí, pero oigan nosotros somos jóvenes.

Jóvenes, y no tenemos que caer en las ridiculeces del pasado. Somos la nueva generación, la que romperá cadenas, no se estrangulará más en ellas.

Y es que creer en idioteces como esta, es estar bien mal:

http://apps.facebook.com/causes/causes/show/49660?m=4534179&recruiter_id=14094831

No voy a decir nada, espero que sean lo suficientemente inteligentes para no caer en la trampa, aún yo haciéndoles publicidad gratuita… pero por favor, se los ruego no caigan en redes que no les incumben, cojan su mp4, salgan con sus amigos y platiquen, no se unan a terrores como ese.

Quedé horrorizado e insultado… me ofendí tanto con saber de su existencia y de como utilizan una inocente página para sus fines.

http://www.youtube.com/watch?v=7dXcIZFPpow&feature=related

Y te recuerda al que se murió tratando de volar, y no sé cuales otros más… Ah decir verdad lo más gracioso de todo eran los comentarios del video, donde los fanes decían cosas como que, quieren culpar a la serie. Otra gafada más era como se enojaban cuando cometían errores en la descripción de la serie… claro mamaguevos, un grupo de reporteros de x generación va a saber a ciencia cierta la trama de una comiquita…

Hay todo tipo de gente en este mundo…

Y es que no se cual es el culto tan grande que muchos tienen a estos dos sacos de carne, huesos y cabellos.

¿Qué tienen estos dos que hacen que un montón de adolecentes desquiciados se masturben como locos y escupan un montón de elogios de tal jalabolundería como si las personas, en el título mencionadas, estuviesen presentes en la habitación ofreciéndoles que les dejarían chupar la pija si se le adula de forma descarada?

Pero no me malinterpreten, no digo que sean malos actores y directores, pero hey… hasta ahí. No adoren a los tipos como si fuesen el mesías del siglo veintiuno.  Cosa extraña, ya que muchas de sus películas presentan una temática oscura (ni tan oscura por cierto, pienso que el cuento de Humpty Dumpty es más gótico que los trabajos de estos dos)

Otra cosa curiosa es la cantidad de películas que hacen juntos…. casi me recuerda a Quentin Tarantino y Uma Thurman y su supuesto noviazgo por hace más de un par de películas juntos. Claro pero cuando es de estos dos no hay discriminación sexual, ni nada de eso… no. Pero no dudan en meter rumores de que Uma se prostituía por papeles (especulación, no soy farandulero) ni que ellos tenían un romance.

Ok, pero ahora lo voy a hacer yo:

¡EXTRA, EXTRA! Tim Burton y Johnny Depp tienen un romance homosexual, peor aún porque Burton es un VIEJO.

Ok, no se siente tan bien, ¿verdad?

De todas formas me puedo atrever a decir que existen mejores actores y directores de esos dos, con formas muchísimo más creativas de ver la vida.

Todo esto viene a el protagonismo en periódicos de esos dos ahorita… Casi igual al caso Spears donde la muy perra sale en el periódico casi que todos los días. Me atrevo incluso a pensar, que su nombre sale más, muchísimo más que el del propio Chávez y Uribe, por no hablar de Bush.

Pero hey, no digo que piratas del caribe sea mala, ni que las cochinadas de Burton tampoco. Solo digo que bájenle la emoción con esos dos.

En verdad me asquea. Miro mi lista de contactos y cerca de más de la mitad son un montón de “playeros”.

“Oh, adoramos la playa”, “nos encanta la playa” y “vamos a la playa” Pero hey, no nos quita el sueño saber que dejamos nuestras jodidas botellas de cerveza y nuestras colillas de cigarro regadas por la arena. Ni tampoco nos atormenta el hecho de dejar nuestra bolsa de doritos, Lays y platanitos en el mar.

Andamos en nuestro yate privado y arrojamos nuestras “lights” para que emborrachen a los peces, para luego quejarnos de la sanidad y limpieza del medio ambiente, insultar a estados unidos por derramar desechos tóxicos y tirar la carta soy “hippie”, y “reagee” (o como se escriba esa mierda)  mientras llevas tu bandera de “Greenpeace (otros imbéciles).

No seamos tan hipócritas, esas actitud se ve reflejada en nuestro alrededor ya mucho. Son unos hipócritas de mierda.

Ojalá se atoren el cuello con esas cosas de las latas y se mueran, ya que gente como ustedes no sirven para nada. Tal vez perdamos a tres tercios de la población, o más, pero estoy seguro que los que quedarán valdrán mil veces lo que se perdió.

Hagamos algo, no se mueran. Pongan el ejemplo y veamos si solucionamos este problema de una vez…

Y la próxima vez veamos si tenemos las agallas de quejarnos de nuevo, cuando (y sí, sé lo muy cliché que suena) si ponemos nuestra parte mejoramos mucho la balanza. Si yo fuse presidente tales actos serían penados por la ley y castigados más severamente que cualquier abuso infantil o cualquier homicidio. Contaminar nuestro medio ambiente es un problema de autoestima y respeto por nuestra tierra.

De muestran una actitud tan estúpida y autodestructiva que me sorprende que no se estén cortando las venas en este momento, porque esa sería la traducción metafórica del automutilamiento que están haciéndose en este momento cuando ensucian una cosa que dicen “amar”.

El castigo que impondría sería la muerte, sin excusas. Pondría vigilantes playeros (super pagados, con pensión altísima y seguro médico) armados con revólveres de 50 cm, y quienes tendrán permiso de disparar sin preguntar al ver cualquier acto contaminatorio de cualquier índole.

Si van a ensuciar, háganlo de vacaciones en otro país…. eso si lo apruevo ;D


La vida es una perra… pero imagino que ya lo sabrán a esta hora (si no entonces son unos crédulos maricones comemierda) Sin embargo es una de esas zorras sexys. Que aunque a veces te pueden dar una apuñalada en la espalda, también puede mostrarte una sonrisa sincera y darte un beso en la mejilla.

Tal cosa me ha ido sucediendo últimamente, he visto facetas de la vida que creí inexistentes o como mínimo solo presentes en un elaborado guión gana oscares. Pero lo poco probable no le quita lo real.

He tenido una amistad con una chica argentina, la conozco desde creo hace dos años… pero ya se donde van tus juicios, y no. No me enamoré de ella, no me la quise ligar y no, no me la quiero coger. Claro que si ella me viene algún día con las piernas abiertas con los tobillos en sus orejas no diré que no… duh.

Al principio fue extraño… ¿quién lo pensaría? La diferencia de edad era bastante, pero siendo yo un tipo tan culto, inteligente y bromista, hizo que pudiera estar a la par con alguien con más años en este mundo. Claro que al principio no fue así, porque uno puede ser todo lo culto e inteligente, pero la madurez no está cogida de manos con estas facultades. La madurez llega, llega sin buscarse. Aparece un día cuando tu cerebro a vivido una experiencia que pone toda tu vida en perspectiva.

No fue una experiencia de muerte, todo lo contrario. Conocí a una super-chica, estoy seguro de ello y mientras más experimenté esta nueva sensación, más profunda se vuelve mi percepción de las cosas y mi empatía.

Seguro, fue divertido ser una manzana podrida. Pero llegué a mi perfección intelectual a los 18, y no lo cambio por nada, nada en este mundo.

Mi relación con mi amiga argentina dio a niveles insospechados. Niveles de intimidad que nunca hubiese logrado obtener con mi antiguo yo.

Y aunque sigo perdidamente enamorado de esta chiruzita que no me corresponde, mi amiga ha sido un apoyo para poder canalizar toda esta gama de percepciones. Y me alegra decir que yo he sido un punto de apoyo para ella también.

Y es así, porque a pesar de no ser correspondido por una carajita que rockeó mi mundo, me siento bien. Muy, muy bien.

Tan bien que les apuesto que si viene un desconocido y me pregunta: “¿robamos un banco?”. Yo le responderé que sí, que más da la vida es corta.

Claro que no se esperen mucho este tipo de artículos ¿eh? Se que esto no es lo que vende, pero de todas formas es MÍ blog y hago lo que se me plazca… bueno no es mío pero en fin…

Además no creo que mis esperanzas con la chiruza sean malas después de todo.

Pronto vuelvo.

Marzo 5, 2008

Pronto Vuelvo…